La pandemia de COVID-19 supuso uno de los mayores retos sanitarios de la historia reciente. Aunque la situación ha cambiado considerablemente desde los primeros meses de 2020 gracias a la vacunación, la inmunidad adquirida y la mejora de los tratamientos, las personas mayores siguen siendo uno de los colectivos más vulnerables frente a las infecciones respiratorias, especialmente cuando presentan enfermedades crónicas o un sistema inmunológico debilitado.
Por ello, es importante actuar con tranquilidad, responsabilidad y prevención, evitando el alarmismo pero sin bajar la guardia cuando aparecen síntomas compatibles con una infección respiratoria.
¿Por qué las personas mayores tienen un mayor riesgo?
Con el paso de los años, el organismo experimenta cambios naturales que hacen que la respuesta frente a virus y bacterias sea menos eficaz. Además, muchas personas de edad avanzada conviven con enfermedades como:
- Hipertensión arterial.
- Diabetes.
- Enfermedades cardiovasculares.
- Patologías respiratorias crónicas, como la EPOC o el asma.
- Enfermedades renales o neurológicas.
Estas circunstancias pueden aumentar el riesgo de desarrollar complicaciones cuando se contrae una infección respiratoria como la COVID-19, la gripe o el virus respiratorio sincitial (VRS).
No obstante, la edad por sí sola no determina la gravedad de la enfermedad. El estado general de salud, el nivel de autonomía y la existencia de otras patologías son factores igualmente importantes.
La vacunación ha cambiado el impacto de la COVID-19
Desde la aparición de las primeras vacunas, el riesgo de hospitalización y fallecimiento por COVID-19 se ha reducido de forma muy significativa, especialmente entre las personas mayores que mantienen su calendario de vacunación actualizado.
Las autoridades sanitarias recomiendan que los mayores, especialmente quienes viven en residencias o padecen enfermedades crónicas, reciban las dosis de refuerzo cuando estén indicadas, además de la vacunación anual frente a la gripe y, cuando corresponda, frente al neumococo y otros virus respiratorios.
La vacunación continúa siendo la principal herramienta para prevenir las formas graves de la enfermedad.
Medidas para proteger a los mayores
Aunque actualmente convivimos con el coronavirus de una forma muy diferente a los primeros años de la pandemia, sigue siendo recomendable mantener ciertos hábitos preventivos para proteger a las personas más vulnerables.
Entre las principales recomendaciones destacan:
- Mantener una correcta higiene de manos, especialmente antes de tener contacto con personas mayores.
- Evitar las visitas si se presentan síntomas como fiebre, tos, dolor de garganta o congestión nasal.
- Ventilar adecuadamente los espacios interiores, favoreciendo la renovación del aire.
- Utilizar mascarilla en centros sanitarios o cuando se convive con personas especialmente vulnerables y se presentan síntomas respiratorios.
- Mantener al día las vacunas recomendadas por los profesionales sanitarios.
- Favorecer una alimentación equilibrada, una correcta hidratación y la práctica de actividad física adaptada para fortalecer el estado general de salud.
Mantener la calma sigue siendo la mejor actitud
La experiencia adquirida durante los últimos años ha permitido conocer mucho mejor el comportamiento del coronavirus y mejorar tanto su prevención como su tratamiento.
Actualmente, la mayoría de las infecciones cursan de forma leve, especialmente en personas vacunadas. Sin embargo, es importante prestar una atención especial a las personas mayores, ya que continúan teniendo un mayor riesgo de sufrir complicaciones si presentan enfermedades previas o un estado de salud frágil.
Ante síntomas persistentes, dificultad para respirar, fiebre elevada o un empeoramiento del estado general, es recomendable consultar con un profesional sanitario lo antes posible para recibir una valoración adecuada.
Cuidar de nuestros mayores es una responsabilidad compartida
Proteger a las personas mayores no significa vivir con miedo, sino adoptar medidas de sentido común que contribuyan a preservar su salud y bienestar. La prevención, la vacunación y la detección precoz de los síntomas continúan siendo fundamentales para reducir riesgos y garantizar una mejor calidad de vida.
En definitiva, la tranquilidad, la información basada en la evidencia científica y la responsabilidad individual siguen siendo las mejores herramientas para cuidar de quienes más lo necesitan.